jueves, 1 de septiembre de 2016

BIBLIOTECAS EN LA ANTIGUEDAD


La palabra biblioteca proviene del latín bibliotheca, que a la vez deriva del griego bibliotheke, término compuesto por los conceptos biblión que significa libro y theke que significa armario o caja. En base a este término, la biblioteca es el lugar donde se guardan los libros.


La evolución histórica de las bibliotecas.

En la antigüedad.
En sus orígenes las bibliotecas oficiaron de lo que hoy se consideran archivos. Nacieron en templos de ciudades mesopotámicas, desarrollando una función conservadora y de registro de hechos relacionados a lo religioso, lo político, la economía y lo administrativo, al servicio de escribas y sacerdotes. Los documentos se escribían en escritura cuneiforme en tablillas de barro.




En el Antiguo Egipto existieron dos clases de instituciones: Casas de los Libros, que funcionaban como archivos para la documentación administrativa y Casas de la Vida, que eran centros de estudios para los escribas y poseyeron colecciones de las que se podían hacer copias. La escritura jeroglífica, hierática o demótica, se recogía en rollos de papiros.




Rollos de papiro 
En la Antigua Grecia las bibliotecas alcanzaron un gran desarrollo y adoptaron formas que pueden considerarse como antecedentes de las actuales. la escritura griega, permitió generalizar el acceso a la lectura y al libro, y aparecieron desvinculadas de los templos. Las más reconocidas fueron la Biblioteca de Alejandría la Biblioteca de Pérgamo, que se crearon con el objetivo de reunir todo el conocimiento social de la época.




En Roma, también se utilizó el rollo de papiro y fue en donde se fundó la primer biblioteca pública, además de la Octaviana y Palatina, creadas por Augusto. Éstas contenían una sección para la información griega y otra, para la documentación romana.
Con la llegada del Cristianismo comienza a difundirse un nuevo formato, el códice de pergamino y la lectura comienza a desplazarse de las instituciones paganas, a la Iglesia Cristiana.

Biblioteca de Celso de Efeso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario